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¿Cómo debe ser la Asesoría del siglo XXI?

Por Carlos Cuadrado (Abogado-Gerente de Innovanza Asesores)

Desde 1980, año en el que iniciamos nuestro compromiso con el mundo de los autónomos, empresas y particulares, en todos aquellos aspectos legales que les eran requeridos por el Estado y la sociedad, en cada década hemos debido adaptarnos a los diversos desarrollos legislativos y a los nuevos usos de las actividades mercantiles y avances sociales.

En los 80, apenas acabada de aprobar nuestra Constitución, las leyes que eran aplicables adolecían de numerosas lagunas que nos dejaban en manos de diversos criterios e interpretaciones de la Administración y numerosas sentencias que poco a poco fueron sentando las bases de una mejor seguridad jurídica. Los diversos formalismos legales eran sencillos, pero no disponíamos de herramientas fiables para su ejecución. Todo era manual, los libros contables, las declaraciones en los impresos tributarios, los seguros sociales, las nóminas. Éramos meros tenedores documentales, que no orientábamos a clientes excepto en aquello que se debía presentar a la Administración. También ésta disponía de unos medios escasos y leyes y normas que no facilitaban su acción de control. Casi todo se podía pactar en caso de discrepancia. Las alegaciones y recursos no eran necesarios en numerosas ocasiones.

También en el mundo jurídico, todo el sistema judicial estaba en perpetuo cambio. Nuestro nuevo Estado de derecho aún era incipiente y ejercer la profesión suponía un esfuerzo inmenso para poder defenderse entre una maraña de leyes, códigos y normas difícilmente digeribles, muchas de ellas que se mezclaban con aquellas que provenían del antiguo régimen. En resumen, mucha inseguridad jurídica que jugaba con interpretaciones unas veces abiertas y tolerantes a los nuevos usos y costumbres, y otras con un rigor excesivo.

Durante los años 90, se produjo un cambio importante. La informática llegó a todos los rincones de la Administración y también a numerosas empresas. También esta mecanización documental en las asesorías nos impulsó para orientar nuestro trabajo a nuevos aspectos que la sociedad comenzaba a necesitar. Ahora sí nacimos como verdaderos asesores. La formación, reciclaje y la ampliación a nuevos servicios, nos situó en un escenario donde la información era el eje de nuestro trabajo profesional.

Nacieron las consultorías. España se llenó de compañías multinacionales y despachos nacionales que comenzaron un nuevo camino para empresas medianas y grandes. Se hablaba ya de la “ingeniería financiera”, que tantos descalabros provocó en la primera década del 2000. Las Pymes quedaron al margen de estos avances y los particulares mucho más atrás.

Todo el avance legal y modernización de las tres Administraciones, con constantes cambios normativos, fruto de un desarrollo constitucional desbocado para taponar aquellas lagunas que les perjudicaban, supuso en esta década un esfuerzo titánico para las asesorías, que debimos adaptar nuestras estructuras. Muchos quedaron en el camino fruto de la indolencia, soberbia o por carecer de una estrategia.

El paso al nuevo siglo y milenio supuso un gran avance en los mecanismos de control de la Administración. Muchos de los errores ya no quedaban impunes, las exigencias eran máximas y el poder recaudatorio revolucionó nuestro sector. Todos hablábamos de procesos innovadores, que sin cuestionar la esencia de nuestro trabajo pudiera ofrecer al cliente nuevas alternativas que le beneficiaran con un menor coste fiscal. Internet se había implantado en nuestras vidas y era para quedarse. La eficacia de la informática, con programas de gestión documental, abarató nuestros costes que poco a poco se fueron aplicando a los honorarios. Nació la asesoría integral, global. Queríamos llegar a todas las áreas de servicios legales a la empresa, incluidos los seguros.

Todos los aspectos de nuestra vida económica y social se pretendían regular, algunas veces con escaso éxito con normas de difícil aplicación y que quedaron obsoletas enseguida, como la Ley de Morosidad del 2010. Las grandes corporaciones se convierten en grandes máquinas de amasar riqueza sin parar, y las pymes recogíamos las limosnas de un crecimiento nunca antes conocido.

También el área jurídica de las asesorías creció dentro de una competencia desmedida, que creemos ha acabado con el compañerismo y la ética en algunos despachos. Hubo que alterar, como había pasado en las anteriores décadas, las preferencias y necesidades del cliente. Ahora eran los servicios financieros, mercantiles y el derecho internacional quienes marcaban el camino. La especialización se abrió camino como algo indispensable.

Pero llegaron las dificultades durante el año 2007 y la travesía del desierto para la mayor parte de nuestra sociedad. Adaptarse o morir.

El punto de inflexión entrada ya la segunda década del 2000, se produce cuando somos conscientes de que el cambio ya no es algo recomendable sino imprescindible. Está en cuestión nuestra supervivencia como asesoría. Ya no es suficiente con cambios de programas, con información y controles en los procesos.

Acaba de nacer la asesoría del siglo XXI. Debemos trabajar con planes estratégicos para ampliar nuestro campo de acción profesional, y ofertar nuevos productos que se adapten a las necesidades de las empresas y particulares. Y algunos ya hemos hecho los deberes, los menos.

Las pymes son las grandes perdedoras de la crisis. 300.000 se han quedado en el camino. El tipo efectivo del impuesto de sociedades de las grandes empresas se ha situado en el 8%. El de las pymes en el legal del 25%. Esto no es de recibo, cuando además las pymes y medianas generan el 78% del PIB y dan empleo al 80% de los trabajadores de este País. Claro, no disponemos de todos los mecanismos de deducciones a los que accede la gran empresa, tales como las fundaciones.

Agravios que debemos superar con inteligencia, guiando a nuestros clientes a un nuevo concepto: servicios 360.

Debemos basar nuestra mirada más allá de la simple presentación documental que, por supuesto tiene su importancia, pero avanzando más lejos con estos planes:

  1. Planes personalizados de inteligencia financiera para mejorar los resultados económicos, con importante ahorro de costes.
  2. Planes de diferenciación, modernización y mejora de empresas y proyectos.
  3. Planes de creación de empresas y nuevas líneas de negocio.
  4. Accediendo a la digitalización con planes de transformación humanos y digitalización interna y externa.
  5. Ofertando planificaciones fiscales y patrimoniales a través de consultoría y mentoring integral.
  6. Queremos crear empresas vivas, con alma, centradas en el cliente, empoderadas, innovadoras y felices. Para ello, debemos analizar la situación actual de las empresas o de los nuevos proyectos, realizar formación, procesos de coaching enfocados al alineamiento empresarial y planes de experiencia de usuario y atención al cliente.

 

Todos estos planes recogen las necesidades para lanzar a las empresas a una diferenciación y mejora con el objetivo de convertirlas en referentes de cada sector.

Trabajaremos para ayudar a las empresas a racionalizar los horarios. Todo un potente método para flexibilizar y rentabilizar de forma optima el tiempo de trabajo. Somos expertos en esta materia que hemos aplicado desde hace 22 años a nuestra plantilla.

No te conformes con lo que tienes, exige más.

Queremos acompañarte, guiarte, mejorarte y cuidarte.

Innovanza Asesores

1Comentario
  • Claves para cambiar de Asesoría - Innovanza
    Publicado a las 12:40h, 20 agosto Responder

    […] Lo importante es crear empresas vivas, con alma, centradas en el cliente, empoderadas, innovadoras, cercanas y felices. Para ello, debemos analizar la situación actual de las empresas o de los nuevos proyectos, realizar formación, procesos de coaching enfocados al alineamiento empresarial y planes de experiencia de usuario y atención al cliente. (Ver nuestro post del 22 de Noviembre de 2016). […]

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